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Washington ha decidido que ya no quiere hablar de inteligencia artificial, al menos en el papel oficial. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, firmó la Orden Ejecutiva 14434 para que departamentos y agencias federales utilicen el término Super Inteligencia y las siglas SI en comunicaciones oficiales, páginas web, informes y documentos no legislativos.
No es solo un cambio de etiqueta. La propia orden mantiene de momento la misma definición legal para Super Inteligencia que ya tenía la Inteligencia Artificial, de modo que el giro lingüístico llega antes que el jurídico.
Trump convirtió un matiz semántico en una señal política
Trump lo explicó con una fórmula que dice mucho sobre el tono de la medida.
"Cuando dices inteligencia artificial, es artificial. Esto es inteligencia extrema. Es inteligencia superior". - Donald Trump, presidente de Estados Unidos
La orden encarga además al asesor presidencial de Ciencia y Tecnología que presente una nueva definición federal de Super Inteligencia en un plazo de 60 días. Ahí está el punto delicado, porque la Administración cambia el nombre primero y deja para después la tarea de precisar qué significará exactamente en la maquinaria legal del Estado.
Quien gana la superinteligencia, gana, dijo Trump al presentar la competición tecnológica como una carrera de poder.
La disputa con China ya marca incluso las palabras
Ahí aparece Pekín de inmediato. Trump sostuvo que no hay nadie en tercer lugar y que todo está entre Estados Unidos y China, una forma de reducir el debate tecnológico global a un pulso entre dos capitales.
También rechazó desarrollar esta tecnología de forma conjunta con China para evitar compartir conocimientos estratégicos. Sin embargo, Washington y Pekín sí acordaron establecer un diálogo bilateral y un canal de comunicación sobre riesgos, beneficios e incidentes ligados a esta tecnología durante la visita de Xi Jinping a Washington.
Esa combinación de rivalidad y conversación ya había asomado en el diálogo bilateral sobre IA, donde la discusión mezclaba seguridad, responsabilidad y ventaja estratégica.
China aceptó la fórmula, pero sin hacerla suya
Trump llevó la batalla terminológica también a sus redes sociales, donde escribió que Xi Jinping parecía preferir llamar a la mal e inexactamente denominada Inteligencia Artificial por un nombre mucho más preciso e importante, SUPERINTELIGENCIA.
La respuesta oficial china fue bastante más sobria. El ministerio chino declaró en un comunicado que la parte china concede importancia a la postura de la parte estadounidense y respeta la formulación empleada por esta.
Eso no equivale a una adhesión doctrinal. Suena más bien a cortesía diplomática, un gesto que permite seguir hablando aunque cada lado quiera cargar las palabras con significados distintos.
Los datos dibujan una carrera menos simple de lo que dice la Casa Blanca
Según el Índice de IA de la Universidad de Stanford, Estados Unidos lidera en modelos de IA por un 2,7 %. China, en cambio, encabeza el volumen de publicaciones, citas, producción de patentes e instalaciones de robots industriales.
Visto así, la escena se parece menos a una victoria clara que a un tablero repartido por especialidades. Un país presume de los modelos, el otro domina varios de los indicadores que convierten la investigación en capacidad industrial, una tensión que también aparece en la pugna por los modelos abiertos.
Al final, el detalle más llamativo no es que Washington quiera rebautizar una tecnología. Es que mientras la Casa Blanca cambia el nombre en sus documentos, la propia fotografía de Stanford sigue contando una historia más incómoda, con Estados Unidos por delante en modelos por 2,7 % y China al mando en publicaciones, citas, patentes y robots.