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La Casa Blanca quiere correr en inteligencia artificial sin ofrecer red de seguridad a las empresas si algo sale mal. Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, lo resumió con una idea que busca cortar el debate de raíz.
"Deben asumir la responsabilidad de sus actos" - Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos
No es un matiz menor. Bessent también remarcó que los responsables son los humanos, no la IA, una forma de negar desde el Gobierno cualquier escudo legal para compañías que pedían frenar el desarrollo de los modelos más avanzados por motivos de seguridad.
Trump rechazó la pausa y lo convirtió en una pugna de poder
Donald Trump descartó esa petición con el tono que suele reservar para las batallas estratégicas. Para el presidente, el único control que necesita la inteligencia artificial es un presidente fuerte e inteligente, y Estados Unidos ya dispone de poder criminal y regulatorio suficiente sobre estas empresas.
Ahí aparece China.
Trump fue más lejos al presentar la discusión como una carrera geopolítica en la que quien gane en inteligencia artificial gana también influencia frente a Pekín. Esa lectura no nace solo de una consigna política, porque la tensión entre ambos países ya atraviesa los modelos avanzados, los semiconductores y el acceso a tecnología estadounidense.
Ese pulso ya había asomado en las restricciones a chips avanzados, donde Washington trató de cerrar vías de acceso para entidades chinas fuera de su territorio. La inteligencia artificial dejó hace tiempo de ser solo una cuestión de laboratorios y productos para convertirse también en un problema de frontera, comercio y poder industrial.
Bessent abrió una puerta mientras el desacuerdo seguía ahí
Al mismo tiempo, Bessent describió como muy exitoso su encuentro con He Lifeng, viceprimer ministro chino. En esa reunión ambos abordaron comercio e inteligencia artificial, dos asuntos que hoy casi resultan inseparables.
Después planteó una idea menos ruidosa que los mensajes de Trump, pero quizá más reveladora. Bessent defendió que pasar de la opacidad a una mayor transparencia entre las dos principales potencias de inteligencia artificial del mundo importa en cualquier actividad transfronteriza.
"Creemos que, como ocurre con cualquier actividad transfronteriza, pasar de la opacidad a una mayor transparencia entre las dos principales potencias de inteligencia artificial del mundo es muy importante" - Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos
Washington propuso a partir de ahí un diálogo bilateral sobre inteligencia artificial. Donald Trump y Xi Jinping deberán considerar esa opción durante su encuentro del jueves.
La contradicción ya no cabe en un solo discurso
Resulta llamativo que el mismo Gobierno que rechaza blindajes legales para las tecnológicas y se resiste a ralentizar la carrera de los modelos plantee a la vez una conversación formal con su principal rival. No es exactamente una rectificación, pero sí el reconocimiento de que competir no elimina la necesidad de hablar.
También pesa otra realidad, visible en el esfuerzo chino en chips e infraestructura. Cuando el conflicto se mueve a la vez por los centros de datos, los semiconductores y las reglas del comercio, cualquier gesto de transparencia suena menos a cortesía diplomática y más a necesidad práctica.
Al final, la frase más dura de Bessent y la más grandilocuente de Trump apuntan al mismo centro de gravedad. Si los responsables son los humanos, la disputa por la inteligencia artificial tampoco la libran las máquinas, sino dos potencias que llegan al jueves con comercio, chips y poder político sentados en la misma mesa.