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Algo no encaja cuando una prueba masiva arroja resultados demasiado buenos. Eso es lo que ocurre ahora con el examen de acceso de la UNAM, celebrado por primera vez en línea y a distancia, donde unas calificaciones atípicamente excelentes han abierto la puerta a una sospecha incómoda, el posible uso de inteligencia artificial para hacer trampas.
Hay 158.000 aspirantes afectados y 22.000 plazas en juego.
Esta semana, una comisión de 16 expertos debe decidir si valida las notas o si obliga a repetir los exámenes. La decisión no solo afecta al ingreso universitario inmediato, también toca la credibilidad de una institución pública que examina a decenas de miles de personas en un proceso de alta presión.
La vigilancia quedó corta cuando el examen salió del aula
La UNAM montó el control remoto con un único dispositivo supervisado mediante inteligencia artificial y con una persona por cada 150 estudiantes. Ese diseño ayuda a entender por qué la discusión ya no gira solo en torno a las notas, sino también alrededor de la arquitectura misma del examen.
Daniel Hernández Gutiérrez, coordinador de la Licenciatura en Educación y Tecnologías Digitales de la UAM, sitúa ahí el problema.
"Se tendría que repetir y, por supuesto, no bajo las condiciones actuales de un examen en línea, porque marcaría nuevamente un proceso que está viciado desde el inicio". - Daniel Hernández Gutiérrez, coordinador de la Licenciatura en Educación y Tecnologías Digitales de la UAM
No todas las universidades han optado por el mismo esquema de vigilancia. La UAM utiliza un doble candado con dos dispositivos, el ordenador con software de control y otro aparato dedicado a una videollamada simultánea, una fórmula más cercana a medidas contra la IA en exámenes que a la supervisión mínima.
Hernández Gutiérrez añade un matiz importante. En su universidad no han detectado un número extraordinario de casos ni un aumento de intentos de trampa con herramientas de IA, aunque advierte que tampoco conviene pensar que esos sistemas no puedan burlarse.
Repetir la prueba también tiene un coste, pero dejarla intacta puede tener otro mayor
Juan Manuel Flores Ayala, experto en monitoreo y evaluación en educación, lleva el debate más allá del incidente concreto. Para él, lo que ocurra ahora puede dejar huella en el terreno jurídico, tecnológico, educativo y evaluativo.
"Yo me decantaría por repetir la prueba y recorrer el semestre lo necesario para dar credibilidad y certeza a las personas a las que responde [la UNAM] como institución pública. Hay un costo político y de litigios en hacerlo, pero creo que se gana más de lo que se pierde". - Juan Manuel Flores Ayala, experto en monitoreo y evaluación en educación
Su argumento no parte solo de una intuición. Si una universidad acepta como válidos unos resultados bajo sospecha, el daño no termina en esta convocatoria y enlaza con una duda más amplia sobre la fiabilidad de las notas universitarias cuando la evaluación sale del formato presencial.
Flores Ayala lo resume de otra manera.
"Esto puede sentar precedentes a nivel jurídico, tecnológico, educativo y evaluativo. Nos va a dar muchas lecciones". - Juan Manuel Flores Ayala, experto en monitoreo y evaluación en educación
El 2% cancelado no despeja la duda sobre el resto
La UNAM canceló el 2% de los exámenes por conductas contrarias a lo establecido en la convocatoria. La cifra muestra que sí hubo detección, pero no resuelve la pregunta que pesa sobre el proceso, cuántos casos escaparon a un sistema diseñado para vigilar a distancia con recursos limitados.
Mientras tanto, la propia universidad cuenta con otra referencia útil. Su prueba de diagnóstico Ticómetro evalúa a un universo aproximado de 35.000 alumnos, una escala menor que ayuda a medir hasta qué punto el salto a 158.000 aspirantes complica cualquier dispositivo de control remoto.
Al final, la tensión no está solo en descubrir quién copió. Está en decidir si un examen vigilado por una persona por cada 150 estudiantes puede sostener, sin grietas, el destino de 158.000 aspirantes que compiten por 22.000 plazas.