Zuckerberg defiende una IA de código abierto y avisa: «No existe una superinteligencia benevolente y singular»

Meta, recién condenada a pagar 567 millones de dólares, publica un manifiesto de 6.500 palabras en el que Zuckerberg pide una IA abierta, distribuida y sin un único controlador.

15 de agosto de 2026 a las 14:12h
Zuckerberg defiende una IA de código abierto y avisa: «No existe una superinteligencia benevolente y singular»
Zuckerberg defiende una IA de código abierto y avisa: «No existe una superinteligencia benevolente y singular»

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Mark Zuckerberg ha elegido un momento incómodo para publicar su nuevo manifiesto sobre inteligencia artificial. Mientras Meta acaba de ser condenada a pagar 567 millones de dólares, más de 490 millones de euros, por la protección incorrecta de la salud mental de los menores en sus redes sociales, su consejero delegado firma ahora un texto de 6.500 palabras titulado El futuro es para todos.

Ahí aparece una de las tensiones centrales del documento.

Zuckerberg defiende que la inteligencia artificial debe ser accesible y de código abierto, frente a los modelos privados de OpenAI o Anthropic. También rechaza que una sola entidad controle esta tecnología y plantea un escenario con múltiples creadores compitiendo entre sí.

Zuckerberg dibuja una IA repartida entre muchas manos

En el corazón del manifiesto hay una idea política además de técnica. Si una sola empresa, un solo gobierno o un solo sistema concentrara esa capacidad, la discusión ya no sería solo qué puede hacer la máquina, sino quién decide para todos.

Por eso sostiene que cada persona tendrá un agente personal capaz de entenderla a ella, a sus objetivos y a lo que le importa. La imagen no es la de una gran inteligencia remota que ordena desde arriba, sino la de asistentes distribuidos que acompañan decisiones cotidianas, una visión que encaja con la apuesta por la superinteligencia personal.

"Cada persona tendrá un agente personal excepcionalmente capaz que te entienda a ti, a tus objetivos y a todo lo que te importa" - Mark Zuckerberg, consejero delegado de Meta

No habla aquí de sustituir la iniciativa humana, sino de reforzarla. Zuckerberg escribe que la mayor contribución de la superinteligencia será la invención y no la automatización, un matiz importante en una época en la que buena parte del debate público gira alrededor de los empleos que una máquina puede absorber.

El manifiesto niega que una sola superinteligencia pueda servir a todos

Después llega la parte más áspera del argumento.

Zuckerberg niega que exista una solución tecnológica capaz de conciliar al mismo tiempo intereses y valores opuestos de toda la sociedad. A partir de ahí concluye que una superinteligencia singular tendría que priorizar unos valores sobre otros y que, por esa razón, no podría ser benevolente con todos.

"No existe tal cosa como una superinteligencia benevolente y singular" - Mark Zuckerberg, consejero delegado de Meta

La frase condensa su tesis de fondo. Si ninguna arquitectura única puede representar a todos sin elegir por ellos, la alternativa que propone pasa por dispersar el poder, abrir modelos y aceptar la competencia entre creadores, una discusión que también aparece en el debate entre modelos abiertos y cerrados.

Meta quiere compartir modelos con el Estado antes de abrirlos

Hay otro detalle llamativo en el texto y no es menor. Zuckerberg propone que las tecnológicas compartan sus modelos con los gobiernos para que el Estado mejore la seguridad antes del lanzamiento público.

La idea introduce una doble capa de control. Por un lado, defiende código abierto y acceso amplio. Por otro, reserva un filtro previo para las instituciones públicas, como si la apertura total necesitara antes una inspección de seguridad.

El manifiesto termina con una promesa de poder repartido. Zuckerberg escribe que el arco de la civilización humana se ha inclinado hacia poner más poder en manos de las personas para vivir y dar forma al mundo como creen mejor, y remata que la superinteligencia promete dar a todos ese poder.

El contraste queda ahí, sin necesidad de subrayarlo más. El mismo dirigente que presenta la superinteligencia como una herramienta para repartir poder acaba de hacerlo desde una empresa condenada a pagar 567 millones de dólares por no proteger correctamente la salud mental de los menores.

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