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Hay mejoras del WiFi doméstico que no exigen comprar nada. A veces basta con entrar en los ajustes avanzados del router.
La clave está en tocar dos mandos que suelen pasar desapercibidos, la potencia de transmisión y el ancho de banda del canal. No suelen aparecer en la pantalla principal, sino en apartados de red local, WLAN o configuración general del WiFi.
Subir la potencia ayuda, pero no siempre conviene
En Europa, la banda de 2,4 GHz tiene un límite de 100 mW, equivalentes a 20 dBm.
Aumentar la potencia de transmisión puede mejorar el alcance de la red de 2,4 GHz en casa. El matiz importa, porque en edificios con muchas redes alrededor ese mismo aumento también puede elevar el ruido y las interferencias.
Ahí aparece una contradicción muy cotidiana. Lo que parece una solución rápida para llegar mejor al dormitorio o a la cocina puede empeorar la convivencia con las redes vecinas si el entorno ya está saturado.
En 2,4 GHz manda más el orden que la anchura
Para la red de 2,4 GHz, ajustar el canal a 20 MHz suele ser la opción más razonable. Ese ancho reduce el riesgo de interferencias con otras redes cercanas.
Si el router trabaja en 40 MHz dentro de esa misma banda, el margen para solaparse con redes vecinas crece y la saturación puede aparecer antes. En la práctica, una banda más ancha no siempre trae una experiencia mejor cuando demasiados dispositivos compiten en el mismo aire.
Muchos hogares lo notan sin saber de dónde viene el problema.
La banda de 5 GHz gana velocidad cuando tiene más espacio
En 5 GHz ocurre lo contrario. Configurar un ancho de banda de 80 MHz o superior permite exprimir mejor la velocidad en streaming, juegos online o descargas.
Esa ventaja tiene peaje. Cuanto mayor es el ancho de banda en 5 GHz, menor suele ser el alcance y mayor la sensibilidad a paredes, muebles y otros obstáculos de la vivienda, una diferencia que ya se aprecia en habitaciones lejanas.
Separar usos evita que una sola red cargue con todo
Por eso tiene sentido repartir tareas. La red de 2,4 GHz encaja mejor con sensores, enchufes inteligentes, cámaras o aparatos situados lejos del router.
Mientras tanto, la de 5 GHz puede reservarse para móviles, ordenadores o televisores cercanos que necesitan más caudal, una lógica que también se aprecia en routers de doble banda pensados para hogares hiperconectados. No es una cuestión de tener una red mejor en abstracto, sino de dejar que cada banda haga el trabajo para el que resulta más útil.
Con dos ajustes bien elegidos, el cambio puede ser más visible que comprar otro aparato, sobre todo cuando la diferencia entre una cámara estable y un vídeo que se corta depende solo de dejar 2,4 GHz en 20 MHz y no pedirle a 5 GHz que atraviese media casa.